"El juego del ángel" o de como Carlos Ruiz Zafón tuvo el tratamiento de una estrella de rock.
Después de tres horas de cola sinuosa y organizada, desde el Paseo de Gracia a la Rambla de Catalunya: ida, vuelta y otra vez ida, esperando la firma del Zafón, con 85 páginas del libro leídas durante la espera -ya identifiqué varios escenarios: intriga, aventura y misterio en la Barcelona de los años 20 y 30-, con los riñones salteados, pasito a pasito, y la nariz y el escote como si me hubiese ido a la playa..cuando solo me quedaban 10 personas delante para llegar a la meta, y a todo esto el autor ya se estaba pasando media hora sobre el horario previsto - pienso que el hombre debía tener la muñeca como un caramelo de algodón- el Zafón se ha levantado -ay, ay, ay!- nos ha regalado una sonrisa displicente, ha cruzado la calle y se ha ido a comer. Y yo, que me he quedado con cara de gilipollas, también.
Me han dicho que vuelva a las 6 de la tarde, pero a las 6 mi ángel ya no juega a hacer colas.
Dicen las estadísticas que vende un libro y medio por segundo.
Me apetecía que pusiera una firma, o un dibujito -que también los hace- para todos vosotros, para los de"la alcachofa", pero no ha podido ser...por los pelos.
Al atardecer, tranquila y sin colas, en la librería de la esquina de mi casa me decidí por el último de Eduardo Mendoza: "El asombroso viaje de Pomponio Flato", una parodia de las novelas de intriga de trama histórica.

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