
Permanezco quieta largo tiempo dejando que el reflejo juegue a ser espejo.
Los reflejos son sensibles y no quieren ni oír hablar de aguas que se agitan.
No les apetece convertirse en círculos cada vez más grandes que excitados se contagian unos a otros su estremecimiento automático.
Quieren ser espejos, simplemente, lisos y pulimentados, capaces de devolver los rayos luminosos.
Debería romperle su ilusión?.
Estoy con los pies en un charco que presume de espejo, mientras alrededor la vida se agita, intentando pasar inadvertida para una afluencia de gente en la hora baja.
Paciente, espero que se difumine la nublada luz diurna sobre el terreno estancado y observo con la caída del día como se apaga su brillo de cristal y la noche lo transforma en opaco.
Mañana, con las cintas de un pálido sol de Agosto, su efímera vida de reflejo se habrá extinguido.
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